Este mundo hambriento de lucro

el filder del destino

Huelga decir que para el general Oakhart la idea de que la gente fuese capaz de sentarse en sus living-rooms o en sus automóviles escuchando a un comentarista deportivo describir un partido que se jugaba a muchos kilómetros de distancia era decididamente irritante. ¡Era como si no se desarrollase el juego, dentro de lo que podían juzgar los locutores! Todo el asunto podría ser muy bien un engaño, o una broma, algo preparado con efectos sonoros apropiados y un poco de imaginación, y un actor capaz de fingir hábilmente que estaba exaltado. ¿Qué podría impedir a las estaciones radiales, en las ciudades que no poseían equipos propios, inventarlos, y aun inventar ligas, y lograr que la gente dentro de su casa se llenase de entusiasmo al oír hablar de circuitos completos, y de récords batidos, cuando en realidad no sucedía nada, salvo que alguien estaba contando una patraña. ¿Quién podía afirmar que no se llegaría a tal punto, y peor aún, que no se sacaría provecho de ello en beneficio de los Frank Mazuma de este mundo hambriento de lucro?

Es un párrafo de Philip Roth, de su divertida novela La caída de los ídolos (The Great American Novel es el título original en inglés: en español la publicó Emecé en 1973).

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La primera imagen es El fílder del destino, de Abel Quezada,

Acerca de Fuga de Letras

Por trabajo he editado, he traducido, he corregido, he escrito, incluso he parafraseado.
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