Hasta qué punto los libros son perecederos

Para los editores que apuestan a corto plazo y a un almacenamiento mínimo, deben o bien aceptar el costo de procesamiento del retorno en los stocks, o bien guillotinar (vale decir, destruir) los libros devueltos. Algunos editores resuelven el «problema» pidiendo una devolución de tapas: el librero arranca las tapas de los libros y las envía al editor como prueba de destrucción de la obra.Estas prácticas de destrucción muestran hasta qué punto algunos libros son productos perecederos… no es más grave destruir esos libros que tirar quesos o yogures vencidos.

Se lee en La edición independiente cómo herramienta protagónica para la bibliodiversidad, de Gilles Colleu, publicado en español por las alianzas de editores independientes de Argentina, Chile, Colombia, México y Perú.

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Acerca de Fuga de Letras

Por trabajo he editado, he traducido, he corregido, he escrito, incluso he parafraseado.
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