Chusma

Estas doncellas, mayores de veintiséis años, y sin novio, se deleitaban en Chateaubriand, languidecían en Lamartine y Cherbuliez. Esto les hacía albergar la convicción de que formaban parte de una «élite» intelectual, y por tal motivo designaban a la gente pobre con el adjetivo de chusma.
Chusma llamaban al almacenero que pretendía cobrar sus habichuelas, chusma a la tendera a quien habían sonsacado unos metros de puntillas, chusma al carnicero que bramaba de coraje cuando por entre los postigos, a regañadientes, se le gritaba que «el mes que viene sin falta se le pagaría».

La cita viene de la novela breve El juguete rabioso de Roberto Artl, libro muy argentino sobre el desarrollo de los barrios bravos en la ciudad a los comienzos del siglo XX. Es curioso que el libro date de 1926, mismo año del Don Segundo Sombra de Ricardo Güiraldes, que sigue en la tradición de la literatura rural, por llamarla de alguna manera.

Ahora bien, hablando de las palabras que escogió Artl: se suele decir que la grafía y pronunciación de élite como palabra esdrújula es un galicismo; lo correcto en español según la etimología es elite, aunque ambas variantes están aceptadas en la RAE.

Por su parte, lo peculiar de chusma es su etimología. En una de las acepciones de la RAE, chusma se entiende como el conjunto de personas que reman en una embarcación (galeotes), y por asociación a la poca educación que solían tener esos galeotes; chusma comenzó a usarse para referir a un conjunto de individuos soeces. Según Corominas, la palabra deriva del latín clusma, a su vez proveniente del griego κέλευσμα: en algún momento el vocablo refería a la voz de mando, es decir, al canto rítmico que entonaba el líder en las embarcaciones.

Borges llegó a usar la palabra en su célebre poema «El tango», musicalizado por Piazzolla. «Chusma valerosa» suena un tanto a elogio, pensando que casi siempre se habla despectivamente de la «chusma» (véase lo que la televisión mexicana implantó con ese concepto aplicado como una palabra despectiva y clasista).

El Fichero General de la RAE muestra varias menciones en las que se da una etimología distinta: del quechua al italiano, por ejemplo; además una mención que no entiendo sobre Guadalajara, y una referencia bíblica.

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Sin embargo, la idea de que sea un americanismo no convence a Santamaría, quien en el Diccionario de mejicanismos (sic), critica a la Academia:

La que da la Academia como americanismo, «Tratándose de indios salvajes que viven en comunidad, todos los que no son de guerra, o sean mujeres, niños y viejos, considerados en conjunto», no será más que una de tantas antiguallas que consigna a la trompa talega o al voltum tuum, como le dijo Valbuena mil veces, y en ocasiones con justa causa, como fuera en ésta, porque ¿dónde hay hoy indios salvajes y que sean de guerra? Se me hace que esto lo tomó la Academia de algún cronista o de algún tratado o tratadista empolvado.

Confieso mi ignorancia sobre el Valbuena que menciona Santamaría.

Acerca de Fuga de Letras

Por trabajo he editado, he traducido, he corregido, he escrito, incluso he parafraseado.
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