Los apretados besos de la juventud, sabrosos, golosos y viscosos


Sea cual sea el olor, es asombroso cómo se me adhiere y lo propensa que es mi piel a impregnarse de él. Se equivoca quien reprocha a la naturaleza que ha dejado al hombre sin instrumento para llevarse los olores a la nariz, pues ellos mismos lo hacen. Pero, en mi caso particular, cumplen esa función mis poblados bigotes. Si les acerco mis guantes o mi pañuelo, el aroma permanece en ellos durante todo un día. Delatan el lugar de donde vengo. Hace años, los apretados besos de la juventud, sabrosos, golosos y viscosos, se pegaban a ellos y allí perduraban transcurridas varias horas.

Montaigne, en traducción de Javier Yagüe Bosch, de la edición de Ensayos, libro bilingüe publicado por Galaxia Gutenberg.

Acerca de Fuga de Letras

Por trabajo he editado, he traducido, he corregido, he escrito, incluso he parafraseado.
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