Uno, ninguno y cien mil

—¿Qué haces? —me preguntó mi mujer cuando vio que me demoraba más que lo habitual ante el espejo.
—Nada —le respondí—, me miró aquí, dentro de la nariz, en este orificio. Al apretar, noto cierto dolorcito.
Mi mujer sonrió y dijo:
—Creí que mirabas de qué lado se te inclina.
Me volví como un perro al que le hubiesen pisado la cola:
—¿Se me inclina? ¿A mí? ¿La nariz?
Y mi mujer, plácidamente:
—Sí, querido. Míratela bien: se te inclina hacia la derecha.
Tenía veintiocho años y siempre, hasta entonces, había considerado mi nariz, si no exactamente bella, al menos muy decente, como todas las otras partes de mi cuerpo.

Siguiendo con los principios de novelas, aquí el primer fragmento de “Mi mujer y mi nariz”, capítulo primero de Uno, ninguno y cien mil, novela de Luigi Pirandello. La versión es de Jorge Aulicino, publicada en Chile por Lom. En la página legal, la editorial coloca las razones de su nombre: “Lom, palabra de lengua yámana que significa Sol”. El libro entra en la colección Cuentos en tono de humor, a cargo de Jorge Fondebrider.

Acerca de Fuga de Letras

Por trabajo he editado, he traducido, he corregido, he escrito, incluso he parafraseado.
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