La prosa de la novela funciona como un automóvil

La prosa de la novela funciona como un automóvil. Quien pretenda conducir está obligado a conocer todas las variantes que ofrece el motor. Un escritor distraído es incapaz de mantener la velocidad adecuada, que él mismo estableció: de repente acelera y pasa por alto los hechos más interesantes de la historia, o bien se demora páginas y páginas para contar anécdotas o detalles que tienen escasa influencia sobre el tema principal (…). Tomar en cuenta las distintas velocidades del automóvil nos permite reconocer si estamos errando el camino o si el vehículo que tratamos de poner en movimiento ha dejado de avanzar.

Es un fragmento de Cómo dibujar una novela, breve libro de Martín solares publicado por ERA. La idea me recordó otra alegoría similar entre la narración, el camino o los autos: Si los libros fueran carreteras…

solares

Acerca de Fuga de Letras

Por trabajo he editado, he traducido, he corregido, he escrito, incluso he parafraseado.
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